October 17, 2006
La miro en la penumbra. Observo sus dedos toscos, sus labios secos, sus ojos húmedos. Fuma un derby y vuelve a toser. Su voz es áspera, ronca, se quiebra como una hoja de otoño bajo un zapato de suela gruesa. Tengo frío, hambre, sed. Tengo ganas de abrazarla y decirle que no se preocupe, que todo se solucionará, que ellos van a estar bien. Tengo ganas de mentirle.
Habla. Dice todo, todo, todo lo que siente. Corre la cortina y ahí están ellos. Entre maderos y colchones, sus nietos duermen a pesar del ruido. Ella pierde el control. Se quiebra. Sufre. Decido apagar la cámara. Ya el vínculo trasciende el reportaje. A estas alturas de la noche- de la madrugada- me doy cuenta de que no soy inmune a la incertidumbre que enfrenta esta familia. De pronto, soy conciente de cómo este pequeño acaba de cambiar mi vida, cómo logra llenarla con su sueño dulce y vulnerable.
La noche siguiente, se duerme en mis brazos y lo sostengo por tres horas. Es que ya no quedan camas, las carpas se levantaron, las maderas terminaron de arder en el centro de la plaza. Hay que irse, tienen que regresar. Ella me pide que me quede un rato más, y luego otra vez, que vuelva, que no lo deje. Yo le pido quedarme un rato más, y luego otra vez, volver, no dejarlo.
October 03, 2006
Me dicen que he venido a realizar no sé qué fin social, pero yo siento que yo, lo mismo que cada uno de mis hermanos, he venido a realizarme, a vivir.
¿Para quién hizo Dios el mundo? Para el hombre. Pues bien, sí, así debe responder el hombre que sea hombre. La hormiga, si se diese cuenta de esto, y fuera persona, conciente de sí misma contestaría que para la hormiga, y contestaría bien. El mundo se hace para la conciencia, para cada conciencia.
La única conciencia de que tenemos conciencia es la del hombre. El mundo es para la conciencia. O mejor dicho, este para, esta noción de finalidad, y mejor que noción sentimiento, este sentimiento teológico, no nace sino donde hay conciencia. Conciencia y finalidad son la misma cosa en el fondo. Si el sol tuviese conciencia, pensaría vivir para alumbrar los mundos, sin duda; pero pensaría también, y sobre todo, que los mundos existen para que él los alumbre y se goce en alumbrarlos y así viva. Y pensaría bien.
Hay personas, en efecto, que parecen no pensar más que con el cerebro, o con cualquier otro órgano que sea el específico para pensar; mientras otros piensan con todo el cuerpo y toda el alma, con la sangre, con el tuétano de los huesos, con el corazón, con los pulmones, con el vientre, con la vida. Y las gentes que no piensan más que con el cerebro, dan en definidores; se hacen profesionales del pensamiento. ¿Y sabéis lo que es un profesional? ¿Sabéis lo que es un producto de la diferenciación del trabajo?"
Del sentimiento trágico de la vida, Miguel de Unamuno.-
España, 1913
September 19, 2006
September 16, 2006
Libro libre..
Curiosamente, a diferencia de todo Providencia, ese pasaje no estaba pavimentado. La calle unía Bilbao y Diego de Almagro, y era mi atajo preferido. Eran unas 14 casas pareadas... una tenía la puerta azul con un sol pintado arriba. Me acuerdo que las ventanas de esa casa siempre estaban abiertas, y el pasto del mínimo antejardín que tenían jamás estaba cortado.
Fue en ese pasaje de tierra, una mañana de invierno, cuando al lado de las bolsas de basura encontré un libro. Me agaché cuidando el viento y la falda y ahí estaba: Poemas y antipoemas de Nicanor Parra. No podía creerlo. Recogí el libro y miré alrededor a ver si a alguien se le había caído.. pero no. El libro estaba ahí intencionalmente. Puesto a propósito para que yo lo encontrara en mi camino. El libro había sido liberado....
Me acordé de Nicanor porque el 21 de septiembre será la primer gran liberación de libros en Santiago. La idea es dejar un libro en algún lugar público, como una plaza, un teléfono público, una estación de metro, la micro, un consultorio, etc...
En la primera hoja hay que escribir una dedicatoria donde se aclare que el libro pertenece al Movimiento Libro Libre, que está allí porque alguien lo dejó para que otro lo encontrara, y que el que lo encuentre, debe liberarlo una vez que lo lea...
En ese pasaje en Providencia, hoy pavimentado, liberaré a Nicanor frente a la misma casa de puerta azul y sol desteñido. Después de 7 años, volverá a la calle para encontrar un nuevo dueño.
September 06, 2006
Te he extrañado mucho este tiempo. Miro tus ojos preciosos y pienso en cuánto me habría gustado aprehender todas las experiencias que atesoraste, toda tu sabiduría y esa fuerza desgarradora, tu perseverancia testaruda... Dicen que heredé tu fuerza, tu valentía. Pero me falta tanto tanto por aprender. Este año he crecido mucho, habrías estado orgullosa de mí, estoy segura.
Son curiosas las cosas que recuerdo más vívidamente de ti. Tus rodillas débiles, blancas, suaves. Tu olor a manzanas en las manos arrugadas, llenas de manchas cafés. Tu pelo rubio casi blanco, delgado y crespo, esponjoso. Tus pasos cortos... Te echo tanto de menos abuelita... me pena no haber sabido darte el amor que te tenía. Un mes fue muy poquito para ponernos al día... pero lo agradezco inmensamente.
Te quiero abuelita, te amo mi welit. Te necesito también. Necesito tus sopaipillas de invierno, necesito tus rezos, necesito verte sentada en la cocina... pucha abuelita, perdóname por favor... es que te echo de menos... necesito tu fuerza ahora, necesito tu orgullo para hacer lo que sé que tengo que hacer, para tomar esa decisión que me pesa y hacer valer lo que soy. Tal como tú lo hiciste al menos 3 veces. Mi situación es igual a la tuya, sabes. Y yo tengo más educación, más apoyo, pero menos voluntad, menos entereza.
Ayúdame welita, ayúdame a usar todo lo que me entregaste. Ayúdame a decir basta, a decirle lo que pienso, a defender mi paz, mi dignidad.
Mira! En mi balcón, el viento y los pajaritos... te siento cerca welita, aquí adentro siento que me quieres, que me perdonas, que me acompañas.
September 03, 2006
September 02, 2006
"En medio de su saciedad, Renée experimentó una singular sensación de deseos inconfesados al ver ese paisaje que no reconocía más, esa naturaleza tan artísticamente mundana a la cual la gran noche estremecida convertía en un bosque sagrado, en uno de esos claros ideales en el fondo de los cuales los antiguos dioses ocultaban sus amores gigantescos, sus adulterios y sus incestos divinos. Y, a medida que la calesa se alejaba, le parecía que el crepúsculo arrastraba detrás suyo, en sus velas temblorosas, la tierra del ensueño, la alcoba vergonzosa y sobrehumana en la cual ella hubiera saciado al fin su corazón enfermo, su carne fatigada".
Fragmento de La Ralea, Emile Zola.
August 31, 2006
August 28, 2006
Mis grandes pequeños eventos cotidianos
Después, J me dijo por msn que era una de sus mejores amigas y quedó de venir a verme mañana (no nos vemos hace al menos... mm... bueno, hace meses, de hecho ni siquiera conoce mi casa)...
En la noche, una ventana del msn se iluminó y me dijeron "preciosa"(me mató... pensé que se había equivocado, que no sabía con quien hablaba... mmm tal vez sí se equivocó... pucha, pero sonó tan tierno)...
En fin, fueron los eventos importantes de mí día. Aparte de eso, volvió la fiebre y la tos... Y eso que esta vez sí que me he preocupado de generar endorfinas... Gracias a los tres lindos que aportaron en la tarea. Me hicieron sentir querida, regaloneada, protegida. Aunque sólo hayan sido unas pocas letras, me sacaron de la angustia del ahogo y los pulmones adoloridos; me llevaron a una hamaca soleada, en la mitad del Cajón del Maipo, mecida por el viento de la primavera...
August 24, 2006
Mis pulmones y yo
Esperé 45 minutos para que me atendiera la doctora. Tranquila, en la silla de Integramédica, leyendo a Zola, no tenía idea de que esa fatiga, esa agitación y esa tos espasmódica, se convertirían a los 5 minutos, en un rostro morado, una garganta sin voz y unos músculos cansados de tanto forzar la respiración.
Me asusté un poco, sí.
La doctora me llevó de un brazo a otra salita y me conectaron una máquina para que pudiera respirar. Frente a mi cabeza, un cuadro enorme: Enfermedades Respiratorias Obstructivas. El asma y la bronquitis crónica eran las patologías imperantes en los dibujos y esquemas del poster. Intenté sonreir con ironía, pero no pude. Mi cuerpo tiritaba y tenía mucho, mucho sueño.
Cuando logré respirar mejor, me llevaron a sacar unas radiografías de torax. Póngase así asá, por aquí por allá, respire no se mueva...descance...
Al final, 7 días en cama... neumonitis, faringitis, laringitis, influenza. Y para no desentonar con las liquidaciones tan de moda, llévese por el mismo precio un quinto diagnóstico: "ve esos puntitos en las radiografías, mijita; bueno, creo que son benignos porque diría que son calcificaciones benignas, pero igual vamos a hacer un scanner cuando se mejore, ya?".
Recordemos que mi abuela murió de cáncer, tenía todos los pulmones ramificados.
Recordemos que solía fumarme una cajetilla en dos días. El asqueroso vicio me muestra sus garras.
Tomé un taxi y llegé a mi casa. Lo primero que hice, fue botar los ceniceros. Nada de puchos en mi casa, advierto en mi mente a imaginarios visitantes. Ahora me duele el pecho. Quiero toser pero me da miedo que de tanto esfuerzo sangre.
Ya sabes, más vale que te acuerdes del tulipán.
August 21, 2006
Presión presión presión en el pecho. Overwhelmed. ¿Sería otra de las tantas premoniciones oníricas? Sudada, nerviosa, desconcertada, abría los ojos sin lograr ver absolutamente nada. Una membrana antes transparente impedía que la luz golpeara la retina. Mugre. Suciedad.
Las extremidades calientes, dormidas, inconcientes, reacias a huir del maldito concepto. Overwhelming. ¿Sería acaso otra metáfora para la profecía autocumplida?
La imagen: una membrana cochina impidiendo el paso de la luz, aferrada genéticamente a mis ojos. La sensación: falta de aire, angustia, impulso vital reprimido. La racionalización: expresión simbólica de inseguridad frente al desafío profesional, personal, emocional. Construcción mental de una ansiedad primaria que busca ser satisfecha. La palabra: overwhelm, conjugada en todas sus formas.
Hoy me llamó mi madre contándome que estaba en Santiago. La idea era juntarnos a comer. La llamé la llamé la llamé. Un celular apagado, otro sin responder. Sé que no es su intención, sé que tal vez ni siquiera sea su problema, pero de una forma u otra, sus no visitas siempre me dejan ese resabio amargo, de saber que aunque está cerca algunas horas, sigue estando demasiado lejos. Cuando pude hablar con ella apareció esa membrana del sueño. Se me nublaron los ojos, se me atravesó la bola de pena en la garganta. Me sentí huérfana y traicionada. Sólo porque no fui su prioridad, mi inmadurez entra en escena. Respiro, me calmo, entiendo.
Es en esos momentos en que descubro que todavía necesito. Es en esos momentos en que descubro que estoy mejor sola. Tenerlos cerca y ausentes, its just overwhelming.
August 13, 2006
Abre los ojos
July 28, 2006
"Furioso pétalo de sal, la misma calle, el mismo barnada te importa en la ciudad si nadie espera...
Ella se vuelve carmesí, no sé si es Baires o Madrid.
Nada te importa en la ciudad si nadie espera...
Y no es tan trágico mi amor,
es este sueño, es este sol
que ayer parecio tan extraño,
o al menos tus labios...
Yo te entiendo bien, es como hablarle a la pared
y tú podrias darme fe....
....y te imagino dando vueltas en el vecindario
algo tienen estos años,
que me hacen poner así y decirte que te extraño
y voy a verte feliz".
Fito Páez
July 27, 2006
Anoche caminé mucho, salí tarde del trabajo y me sorprendí extrañando. Iba bajando las escaleras cuando sonó el celular. Pero no. Era mi tío del norte, que llamaba para que fuera a comer con la familia. No alcancé a tomar el primer tren del metro, ni encontré una micro que parara. Tenía la nariz roja, las manos congeladas. Llegué cuando estaban en el postre. Después fui donde mi amiga. Llovió.
Ahora amanece y me siento extraña. Pienso si llamo, si escribo, si elijo el silencio. Vuelvo a dormir. De nuevo el celular. De nuevo mi tío del norte. Un almuerzo con la familia, dice. Me levanto y vuelvo a caminar.
A las 4 suena el teléfono. Un amigo que no veo hace tiempo. Nos juntamos, nos reímos, me deja en el metro. Me doy cuenta de que sigo extrañando.
Camino por la calle, la plaza. Ahí siguen la ventana y el banquito, como si nada, ajenos a esta historia, como si nunca hubiesen existido. Entro al canal. Oscurece.
Bajo las mismas escaleras. El viento me golpea el cuerpo. Mi chaleco está muy corto y no traje chaqueta. Pienso si llamo, si escribo, si elijo el silencio.
Vuelvo a mi casa y me duele la cabeza. Llegan mis hermanos. Los abrazo, los regaloneo, les preparo once. Ella se va con una amiga. Yo me levanto y salgo con mi hermano. Una cerveza en Providencia y él se va a su carrete. Cruzo al Phone Box y escucho a la banda tocar. Tomo el auto y subo por Tobalaba. Me reencuentro con compañeros que no veía hace 6 años. Estoy contenta, me río, me abrazan, me invitan. Pero sigo extrañando.
Busco a mi hermano y volvemos a casa. Es tarde, amanece. Hay que ir al aeropuerto. Una noche sin dormir.
Llegamos al counter, los registran, estamos justo en la hora. Compramos un jugo, nos abrazamos, nos queremos. Llegan a policía internacional. Salen corriendo al avión y me doy la vuelta. Prendo un cigarro y suena el celular. Otra vez no. Es mi hermano histérico que me grita que el avión ya se fue, que se quedaron abajo.
Sacamos las maletas y volvemos al counter. Mi hermana habla, reclama, exige. Les dan otros pasajes para el avión de las 12. A pesar de la rabia de mi hermano, del sueño que doblega, de la añoranza, me río fuerte y mi voz hace eco en el pasillo. Sí, estoy contenta. Antes no tuve un momento, no tuve decisión, no tuve esfuerzo. Ahora la oportunidad se ofrece. De pronto todo encaja. De pronto entiendo...
Les invito un café y nos sentamos donde siempre. Jugamos bachillerato, colgado, gato. Nos reímos de todo. “Adivinen la palabra que estoy pensando”. Aparece mi abuela en la memoria, se hace presente de una forma absoluta, dichosa... Hago el ridículo, hablo hablo hablo, mímicas, chistes, besos gordos, cosquillas. Me reencuentro con ellos, me reencuentro conmigo. Pasan las horas volando.
Los dejo en el pasillo de embarque y vuelvo al auto. Es un día precioso, está todo iluminado. Suena el celular, pero ya no extraño.
Llego a mi casa y escribo. Pienso en tomar el auto y manejar sola hasta el Cajón del Maipo. Estoy feliz. Estoy en paz. Estoy conmigo.
July 10, 2006
July 02, 2006
Cuando corté, me sentí un personaje de las tantas películas que rondan mi cabeza... No sabía bien qué hacer, qué decir, qué esperar... pero salí del edificio convencida de que era el momento de volver, de enfrentar.
Cuando crucé el puente estaba empezando a llover. Hacía frío, el viento me dejó la cara roja y todo el pelo enredado. La calle parecía inclinarse hacia mí ofreciendo sus recuerdos y mis huellas; los colores, las hojas moradas que terminaban de caerse de los árboles, la gente de oficina, la plaza desolada, perdida en el invierno.
Un calor intenso me invadió desde el centro del cuerpo y decidió quedarse en mis mejillas. Pensé que pasaría mucho más tiempo antes de que pudiera volver a caminar así por esa calle, siguiendo de largo, sin mirar esa ventana con nostalgia. En un instante reviví meses de emociones profundas, de experiencias antes desconocidas. Reviví un sábado de siesta en el parque, una noche de domingo sola en el banquito, un jueves de espera eterna en la fuente del árbol, un viernes de despedidas, un almuerzo prometido y caminado con mi amigo de las rastas, una carta escrita en la mañana, mirando el cerro con neblina, un regreso equivocado y discutido, un verano entero de cambios...
Entré sin sacarme los audífonos. Después de 3 meses, y a pesar de que nunca supe su nombre, ella aún me recordaba. Esta vez no me perdí, pero sentí en la boca el sabor a un susto ya vivido. Subí y saludé, y dije y pregunté y me reí y tuve ganas de llorar. Al final no pasó nada, pero pasaron tantas cosas...
Cuando volví a cruzar el puente la calle estaba mojada. La gente había abierto los paraguas, las micros pasaban llenas. Prendí un cigarro y me puse a caminar. Como si se tratara de una revelación, de pronto tuve la certeza de que realmente tenía que volver: así estaba pensado, aunque me costara, aunque no lo hubiese planeado. Supe que era el momento justo, que estaba preparada. Esa certeza cambió todo lo que vino después. Desde ese minuto, todo ha sido diferente.
June 21, 2006
Pero yo no estoy de acuerdo... desde hoy aumenta la distancia entre el amanecer y el ocaso. Para muchos pueblos andinos, hoy también comienza un nuevo año, y con él, el despertar de los preparativos de la siembra que traerá la nueva cosecha... Los aymaras, por ejemplo, celebrarán el inicio del año 5514 de su calendario...
Imagino la noche coronada de ritos y ofrendas al dios Inti y a la Pachamama... Cómo quisiera estar ahí esta noche, en La Puerta del Sol, una de las ruinas arqueológicas más importantes de Tiwanaku, en Bolivia, iluminada por los cantos y bailes andinos. Según la tradición, al amanecer de este nuevo año, los primeros rayos de sol fecundan y bendicen la tierra.
Hace algunos años estuve en Perú, pasando unos días en una comunidad de chamanes. Recuerdo sus ceremonias con pétalos de flores, aguardiente, sangre y tabaco. Cierro los ojos. Me pierdo en el recuerdo...
Un juego de pelota en Teotihuacan, México. La invocación a un Dios imperfecto que adoran para que prolongue la vida un año más. La observación incesante de la naturaleza, del cielo, de la semilla enterrada en la tierra. Los ciclos, la dualidad.
Abro los ojos. Unos pisos más arriba, alguien escucha una ópera que no conozco. Pienso que tal vez, esta noche yo también pueda iniciar un nuevo ciclo...
Escribo en un papel eso que quiero sembrar. El fuego lo consume, las cenizas vuelan por el balcón abierto. Me desnudo y me entumezco. Todo oscuro alrededor. El vacío. Comenzar de cero.
Este amanecer, quiero que los primeros rayos de sol me fecunden y me bendigan. Que me despierten en medio de esos ritos, esos cantos, esos bailes; aunque mi cuerpo esté tan lejos... Hoy es solsticio de invierno. Ahora falta esperar la primavera, para ver cómo brotan mis nuevas bendiciones.
Paz.
Plenitud.
June 19, 2006

Hoy salí al balcón y me senté con mis plantitas. Les conversé un rato y dejé que el silencio completara mis frases y preguntas inconclusas. No se veía la cordillera, pero me acordé que estaba ahí. Cubierta de nieve, majestuosa, en constante cambio y llena de vida. Hoy salí al balcón y respiré con fuerza el aire frío, y oí atenta el ruido de un Santiago laboral. No vi las plazas ni los parques, pero supe que estaban ahí, esperando que decidiera ir a visitarlos. Traté de imaginar qué había más allá de mi balcón... Intenté ver a mis hermanos en el sur, traté de adivinar qué sería de la vida de esos compañeros de colegio con los que hace años que no hablo, traté de recordar los gestos de los amigos que viajaron conmigo el año del fin del mundo, los que descubrieron como yo el viejo continente, los que se adentraron en la selva amazónica y se conmovieron con una pobreza andina ignorada y palpitante.
Desde mi balcón me senté a tomar mate con la abuelita de la Jeny, allá en Pitraco, e intenté saborear sus sopaipillas. Traté de columpiar a la Dani, cantándole una canción de Mazapán, y quise ayudar al Lalo en matemáticas, mientras pensaba qué estarán pasando en el liceo de Galvarino.
Me acordé de la iglesia de Potrerillos, y de los niños de infancia misionera, y quise abrazarlos y contarles las historias que vivimos cuando trabajaba en la guardería de Mendoza. Mi balcón se llenó de caras conocidas, se llenó de niños lindos, con las manos cubiertas de greda o pintura. La voz del río inexistente volvió sin los malos recuerdos, trajo una noche de luna llena, abrazada de certezas que gritaban y bailaban en el centro de mi vientre.
Mi balcón ya no era sólo mi balcón, se expandió hasta llegar a la cordillera, hasta encontrarse con Edgar en las playas de Salango, hasta que pude ver a Refiloe bailando en las calles neoyorquinas, hasta unirme con César en la Guadalajara española, hasta un sueño en un castillo después de caminar la Ruta del Cares. El mundo estaba entre mis plantas silenciosas.
Cercano, casi tangible, apareció el rostro de una vida que me pertenece, de un pasado intenso que volvió de pronto, para recordarme cómo se proyecta en todo lo que me rodea, cómo pertenece a este cuerpo veinteañero. Hoy en mi balcón, me reencontré con esa parte de mí maravillosa que se posterga y se elimina cuando surge la ausencia. Esa luz de la que hablaba comenzó a inundarlo todo, trajo nuevas fuerzas, completó el cuadro imperfecto que algo en mi cabeza suele imponer, cada vez que olvido que también existe ese universo, aunque algunos días no lo vea.
June 15, 2006
Joaquín Sabina.
Incluso en estos tiempos, en que la autorreferencia siempre me es condenada, me doy el lujo de gritar de vez en cuando, gritar en clave o expuestamente, gritar en letras, gritar en ceros y unos virtuales, gritar porque no siempre todo es bueno, y porque al parecer nadie sabe lo difícil que es ganarme a mí misma y vencer la nostalgia.Incluso en estos tiempos, en que abro este sitio y me encuentro derrotada, no dejo de sentirme agradecida, ni amada, porque siempre acá al fondo, cerquita de algo bien profundo, hay una luz encendida que me ayuda cada día a mirarme en los espejos.
Incluso en estos tiempos, en que todo parece deprimido, suena una música sabrosa, y me levanto y bailo y río y gozo. Porque intensa, sensible, nostálgica, compleja, pero también gozadora, risueña, entregada... Incluso en estos tiempos.
June 10, 2006
June 04, 2006
Bergamota. Miel para endulzar.
Hoy salió el sol y pega fuerte en mis hombros pálidos, transparentes.
Menta, melisa, albahaca, perejil, artemisa, me acompañan en este tercer piso. Bowie canta desde el computador. Ya no me llega el diario los domingos. El celular reposa sin llamadas perdidas ni mensajes recibidos. Tengo ganas de que sea un buen día.
Realmente quiero que lo sea.
El departamento está intransitable. La ropa sucia tirada por el suelo, mezclada con la poca que todavía queda limpia. Más de tres semanas sin lavar. Busco entre los trapos algo que ponerme. Algo que papá apruebe, al menos en mi mente.
Delineo con cuidado mis ojos, ennegresco las pestañas.
Mi aspecto cambia. Un dolor propio-ajeno se hace tangible con ese rimel y ese lápiz negro. ¿De qué me escondo?
Me subo al auto y saludo con mi mejor cara. Pero nunca es suficiente...
¿Para ellos? ¿Para mí?
Tengo pena.
Pasa la tarde y me duelen los ojos de tanto intentar no llorar.
Oscurece. Subo al auto, hablo hablo hablo para que no se note este silencio sepulcral que llevo por dentro.
Llego a mi departamento.
Hace frío. De nuevo Bowie en los parlantes y una sopa china que humea en mi cocina.
Prendo la tele. Hace dos horas que una periodista espera declaraciones de los estudiantes secundarios. En pantalla sólo salen un montón de escolares con carteles, sentados afuera del Instituto Nacional. Apago la tele.
¿Cuánto tiempo llevo yo esperando?
Suena el teléfono, pero no quiero contestar. No puedo.
Tengo los ojos inundados. Las mejillas teñidas de negro por el río de maquillaje, surcadas por la máscara que en esta soledad desaparece.
La ropa sigue tirada en el suelo. Una cajetilla de Belmont Lights está atrapada al lado de un chaleco. La recojo, a ver si queda... pero no.
Está vacía.
Quiero acostarme a llorar. A oscuras, arropada en mi cama.
Lejos de los juicios de todos esos ojos que me observan expectantes.
Pero no puedo. Tengo un alto de pruebas, trabajos y papeles que corregir para mañana.
Realmente quería que hoy fuera un buen día.
May 23, 2006
No me arrepiento de nada
Me robo este poema de la Gioconda Belli, porque aún ronda en mi cabeza, Gioconda misma y esa rebelión de la señora K, ese encuentro profundo que vivo día a día. Y le regalo el poema a mi madre. Porque es una tremenda mujer, porque es valiente, porque me inspira y me provoca, me confronta... Porque estoy muy orgullosa de la mujer que ha llegado a ser.
"Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser".
Gioconda Belli
Eternas, bellas, pujantes contradicciones coexistiendo por siempre en mí, esa y muchas más... Tantas caras, risas, voces que me espían y me acechan... Tantas mujeres que me habitan, tantos nombres, vidas, fantasías... Este tiempo de vida independiente, sucumbí ante una de ellas... Quizás la más profunda, la más potente... como diría Gioconda, la que más me gusta ser...
Inmersa en las cenizas que me traen de vuelta a mi vida natural... desde los resabios de un fuego que aún me hechiza y me transforma...
May 19, 2006

En la oscuridad, un fuego que duele. Un fuego que arde y me quema entera. Junto fuerzas para despertar... Me enciendo como nunca y crepito. Tengo sed, costras, cicatrices que se abren. Me observo, me lloro, me grito, me perdono. Abandono el escondite. Busco. Pido. Reclamo. Es el año del crecimiento, del aprendizaje.
Un fuego que me carboniza. Que me purifica. De las cenizas renazco. Más fuerte. Más viva. Me paseo por el mundo, ardiendo y cambiándolo todo. Porque sé que se puede. Porque vale la pena.
May 03, 2006
En unas horas es mi cumpleaños...
Estoy sentada en el suelo del Centro Cultural Alameda, esperando que la gente salga del cine y que parta el Festival de Cuenta Cuentos.
Vine a filmar.
Vine a filmar sola.
L. se enfermó y el doctor le recetó dos días de reposo, así que se quedó en su casa.
A mí me complicaba venir sola, pero aquí estoy, enfrentando mis miedos, luchando contra mis propios demonios.
Al lado hay una pareja de pololos, o andantes, o ex pololos, no sé. Lo que sí sé es que se acaban de reconciliar. Y que se dan demasiado besos. DEMASIADOS.
Él le pide que se quede y ella se aleja sonriendo... súper coqueta. Se abrazan y él le hace cariño en la espalda, y desliza su mano bajo la polera de la niña.
No me molesta, pero me incomoda... Las pequeñas y abismantes sutilezas del lenguaje.
Es que pienso en X y siento que quisiera que estuviese aquí conmigo. Pero a la vez me asusta mucho. No lo conozco bien, me intriga, y es una amenaza insondable a mi precaria estabilidad interior.
Hoy no me soporto.
Parezco las típicas minas de reclame de analgésico pre menstrual. Guácala. “Mina”.
Llevo 45 minutos sentada aquí.
Me duelen los tobillos y el trasero. Ahora la gente está entrando. Me tengo que ir, pero no quiero moverme. No puedo.
“Ahora estamos distantes, no somos hermanos”, le dice el chiquillo a la polola-no polola.
“¡¿Y cómo está tu abuela weón?!”, pregunta ella. “No la veo hace muchos meses, pero el otro día hablé con ella, estaba igual que siempre”.
Como si no les bastara con besuquearse al lado mío. Tienen que traer también a mi memoria, a mi abuela que me pena en el subconsciente, a la que lloro en la noche, cuando vuelvo a soñar con ella.
Por primera vez en la vida, espero mi cumpleaños sola. Sin familia alrededor. Mañana tampoco van a estar aquí. X dijo que me tenía un regalo de cumpleaños. Que había visto algo para mí en su viaje y lo había comprado. Pero cuando me llamó, días antes, no se acordaba si le habían llegado mis mensajes. Yo me sé de memoria los de él. Arrrgggg ¡Patética!
Ante tanta inseguridad, ante la sospecha, tal vez infundada, de que él no me conoce, y si no me conoce cómo crestas va a quererme!?, me pregunto si vale la pena intentarlo. Si vale la pena arriesgarme otra vez, y creer y entregar. No quiero caerme de bruces al suelo nuevamente. Y ojo, porque esta vez no es él el malo de la película. Esta vez ese rol estuvo compartido. Por estupidez propia, mía. Por inseguridad extrema. Por cabra chica.
Sábado 22 de abril, 07:00 hrs.
X fue la primera persona que me saludó para mi cumpleaños. ¿Tendrá idea de lo importante que fue para mí? Me mandó un mensaje al celular justo a medianoche, y sí, me mató con eso. Pucha que tengo hartas ganas de abrazarlo, de reírme con él, de bailar y salir y dormir y besarlo y quererlo y que me quiera intensamente.
Mi noche fue harto rara... Cuando salí del Festival de Cuenta Cuentos devolví la cámara que había pedido prestada y me junté con la M. No sabíamos adónde ir, no teníamos plata y yo igual estaba con sueño, así que decidimos tomarnos un café. Y fuimos al Dunkin Donnuts de El Bosque.
Pedimos dos cortados con rosquillas de manjar y nos pusimos a conversar... bla bla bla bla... A las 4 de la mañana me suena el celular... Un ritmo medio salsero que no sabía a quién le había puesto de ringtone... Hace tiempo que no sonaba... Sip. Era X. Y me cambió la cara y me puse tan, pero tan contenta... Una sonrisota me delató. Mi amiga me miraba con cara de pobrecita ingenua P. Pero yo seguía feliz. Prendí un cigarro y le pedí a la M. que me enseñara a jugar sudoku. Estuvimos hasta las 6 de la mañana en esa mesa, haciendo crucigramas y sudokus que sacamos de los diarios que tenían los chiquillos que estaban de turno en el Dunkin Donnuts. Pusimos el mp3 de la M. y tarareamos hasta que amaneció. Cuando nos fuimos del local, nos despedimos de la niña que atendía la caja y cuando pagamos, la M. le dijo al chiquillo que nos había servido café que era mi cumpleaños. El loco me miró y me dijo: “No importa, ya vendrán celebraciones mejores”. Plop. No tenía ni idea lo contenta que estaba. Lo contenta que estoy. Y todo por una llamada a las 4 de la mañana, dos cafés cortados y unas rosquillas de manjar.
Sábado 22 de abril, 23:00 hrs
Auxilio. Estoy colapsada. La gente sigue llegando a mi departamento y esto es un caos. Estoy estresada, lo echo de menos... Yo sólo quería estar con él este día. Irnos lejos, fuera de Santiago, dormir una siesta en el pasto, sobre la mantita aquella, leer un ratito, después mirar las estrellas, regalonear, tomar algo rico. Sentir su abrazo fuerte alrededor de mi cuerpo. Eso quería. Pero estoy acá, en mi departamento de dos por dos, con mucha gente que quiero ver y con la que quiero compartir, pero que no alcanzo a escuchar, que no puedo atender... Ni siquiera he logrado sentarme. Mis amigas siempre listas fueron al supermercado, otra me fue a comprar la torta, otra abre la puerta y yo respondo el celular, que no ha parado de sonar. Quiero agradecerles, quiero sonreírles, quiero hacerles sentir cuánto los quiero, lo importante que son para mí.
Los niños y mi mamá me llamaron en la mañana. Siguiendo la tradición familiar me despertaron con el cumpleaños feliz... me dio pena...
Hoy soy una amalgama de alegría y tristeza...
Y no puedo evitarlo.
Quiero verlo.
Lo echo de menos.
Parece que no hay nada que hacer al respecto. Estoy harto enamorada.
April 20, 2006
La palabra más bonita del castellano
Porque trae arraigada una libertad abarcadora y fulminante, una sensación de bienestar y una belleza sensorial intangible e inconmensurable. Por la gracia de su trazo, por la combinación desordenada y geométrica de caractéres grandes y pequeños. Porque suma 8. Porque el hombre aspira a conquistarla, y puede hacerlo con sólo pronunciarla.
Plenitud.
April 05, 2006
A los 7 años se convirtieron en seres de carne y hueso, pletóricos de pecados originales y adquiridos. Me convertí en un culto arrogante a mi propia existencia. Jamás lo supe, hasta que salí a conocer el allá afuera. Entonces aparecieron los otros.
En la lectura descubrí a Soloman, el héroe que superaba a todos los superhéroes como Batman, siendo tan sólo un hombre. Llevando una amapola (curiosa coincidencia) a la niña que estaba eternamente postrada en el hospital. No existe Soloman fuera de ese libro. No existe.
Del cine admiré el cambio profético de un Peter Pan perdido en la sociedad, que reivindica su pasado y su origen gracias al secuestro fatal de sus dos hijos (Hook). Otra gran mentira. La gente no cambia. El mundo te corrompe.
En el universo del circo y los payasos, aprendí que la vida era carnaval, magia, risa constante. Qué ingenuidad. No sabía cuánta mierda se escondía tras el espectáculo. Cuánta suciedad, cuánta ropa quedaba tendida en la trastienda.
Siempre confié de primera en la gente. Nunca me protegí. Hasta que después de caerme mil veces la herida se hizo demasiado grande. Me gustaba ser así. Me gustaba entregarme, pensar que los otros eran buenos, que eran nobles.
Pero me caí de nuevo. Me hundí en la mierda de la malintención. Al final, una de las personas que yo más cuestionaba, mi propia abuela, parece mirarme desde arriba. Con una sonrisa triste me dice a través de sus ojos verdes que ella me lo advirtió. Que nada es lo que parece. Que mis referentes no valen nada.
Me quedo en el aire.
Siempre he buscado una guía, un modelo. Lo he necesitado. Y la fe me falla; y me contemplo y quedo absorta en un huracán inconmensurable de soles que golpean derritiendo vidrios, mientras la lluvia crepita en el asfalto. Los ojos se vuelven húmedos, tétricos, se carbonizan en esa miseria. Ya no entiendo nada. No sé nada.
Este año he vivido una vida entera. Muerte, nacimiento, amor, desilusión, encuentro, abandono, cicatrices, sangramientos, ensueños, vigilia. Todo lo que creía, todo lugar en que tenía anclada mi confianza, desaparece frente a mí. Simplemente se esfuma, se evapora.
La consternación de despertar en un lugar desconocido me oprime el pecho. La crueldad de endurecerme. De traicionar mis principios. De desconfiar. De tener que escoger, finalmente, yo también una máscara para mezclarme, para perderme, para abandonarme y confundirme entre los otros.















